Una mujer retoma las sesiones a mediados de octubre, tras el verano y con la llegada del otoño. Comenta que siempre ha llevado mal este cambio de estación.
Para ella, el verano siempre ha significado libertad, y en cuanto al otoño, expresa lo siguiente:
Más que volver al trabajo (que no es tan horrible), es que pasan las cosas más horribles del año y es cuando tengo menos fuerzas para gestionarlo. La mayoría de mis rupturas, la separación de mis padres, volver a la uni, regresar de un viaje increíble y trabajar también, aunque eso no es lo peor ni mucho menos. En el caso de este inicio de otoño, ha sido perder la casa, perderme a mí misma, que se me estropeara el coche… lo contrario de ser libre y estar en paz.
Esto se ve acentuado por el hecho de que trabaja de abril a septiembre en un empleo muy intenso y exigente que le dificulta tener momentos para sí misma. Así, sus ciclos anuales se dividen entre la libertad y el trabajo, el calor y el frío, el sol y la oscuridad, el disfrute y la responsabilidad. Ahora que el verano termina y el otoño y el invierno se acercan, su estado de ánimo empeora.
A la vez, comenta que este verano, aunque se sintió libre, sin responsabilidades y habiendo podido pasar horas al sol, no le ha resultado del todo placentero. Ha sido más bien agridulce. Siente una especie de resaca, y se ha quedado con una sensación de vacío y desconexión de sí misma.
Le propongo hacer un dibujo para saber cuál es la imagen que tiene del otoño y del verano. De izquierda a derecha y de arriba a abajo, vemos: el verano bonito, el verano feo, el otoño feo y el otoño bonito. Los describe de la siguiente manera:
Otoño bonito: fondo color albaricoque, ella ocupa el centro como un círculo de luz blanca y azul (la parte clara que aparecía en el verano feo). Este círculo tiene un núcleo de color magenta y está rodeado de pequeños círculos del mismo color.
Comenta que la palabra armonía es la que mejor representa esta parte del dibujo. Aquí el otoño es visto como una oportunidad para ponerse a sí misma en el centro de sus prioridades y que esos pequeños círculos son las cosas que se van poniendo en orden en su vida, a su alrededor. La palabra orden implica estructura y límites. Así, vemos que resulta una imagen análoga a la del verano bonito, donde el placer estaba en el centro, en lugar de su bienestar.
A través del dibujo, y a medida que lo hacía, la polarización entre el verano (como algo deseable) y el otoño (como algo que rechazaba) se va relativizando. En otras palabras, empieza a ver que la ausencia de límites en el verano puede resultar peligrosa por sus consecuencias a largo plazo. En cambio, aquello que rechazaba al principio, la época de límites, responsabilidades y menos excesos, puede acabar siendo vista como una oportunidad para reconectar con sus propias necesidades y cuidarse. La oportunidad de vivir un día a día sin grandes picos de euforia ni grandes bajones anímicos, pero con una sensación de plenitud, sentido vital y bienestar.
Verano bonito: cielo azul, el gran sol ocupa el centro y unas estrellas a su alrededor representan la noche y los excesos.
Aquí observamos cómo no hay límite entre la noche y el día, están fusionados. Nos recuerda al sentimiento de libertad y ausencia de responsabilidades del que hablaba.
Verano feo: fondo negro. Se ve a sí misma dividida en dos, separada por una línea roja. Una parte, en la esquina superior derecha, es como un hilo naranja enredado, perdido, y la otra, en la esquina inferior izquierda (opuesta), está representada como un rayo de luz blanca y azul.
Parece ser que hay una parte perdida, girando sobre sí misma sin una dirección clara, en la oscuridad (hilo naranja), y por otro lado una parte iluminada, clara (rayo de luz). Comenta que el verano no le permite encontrarse consigo misma, quedándose con una sensación de adicción a aquello relacionado con el exceso y el placer, que la aleja de sentirse contenta y plena.
Otoño feo: lado izquierdo con un fondo de tonalidades tostadas, hay unas espinas rojas y negras que representan la resaca, el vacío y el dolor después del verano, tras todos esos estímulos placenteros que terminan. En el lado derecho, el espacio está vacío, solo hay un fondo en degradado que va del verde al azul y al lila.
Comenta que las espinas cada vez duelen menos, que a medida que avanza el otoño, se siente cada vez más cerca de una parte más clara.