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Geopolíticas del Deseo: Mi Valor Afectivo y Erótico en Cada Lugar.

de la

Ime

Cuando en tu ciudad eres un 2/10 y cuando te vas un 8/10.

Desde que empecé a salir socialmente siendo adolescente (13,14 años) siempre he sido hipersexualizada, no había perdido la virginidad y la gente de mi barrio y alrededores chismoseaba que me había acostado con media región. ¿Cómo no iba a haberlo hecho? La única negra en este círculo blanco tan alternativo y tan intelectual y tan cool (spoiler: ese circulo no era tan cool). Seguro se está follando a todo el mundo. Nunca me he sentido cómoda realmente en el aspecto erótico, nunca.

Volver al hogar es recordar tus vivencias ahí y que tu entorno te recuerde exactamente quien eras y su percepción de quien eras cuando te fuiste.

En la ciudad que crecí en España siempre sentí que los hombres que se sentían atraídos por mí asumían también un acceso claro a mi cuerpo. Y en la vulnerabilidad de querer ser amada en un sistema que esta creado para no amarme he dado ese acceso muy fácilmente, aunque después me pusiera a llorar y no supiera por qué.

Siento que muchas veces el concepto de diáspora nace de la tensión de querer una identidad occidentalizada y el fracaso de no conseguirla. Adoptando una perspectiva lacaniana, dudo de la idea de que vivimos en un mundo democrático donde todos somos iguales, donde tu valor como persona es universal y donde, si “te ven de verdad”, te tratarán igual sin importar que seas una mujer negra. Es una promesa que nunca puede ser cumplida ya que la base de la ‘‘occidentalidad’’ es demasiado abstracta para poder poseerla y es siempre dependiente de la validación de una audiencia blanca.

Esta oscilación entre deseo y decepción lleva a personas como yo (una persona socializada como mujer negra aunque lo ampliaría a la experiencia diásporica de una mujer no blanca en general) a conductas contraproducentes de superioridad/inferioridad que veo en mí y en tantes de mis hermanes. 

Con este texto me gustaría poder generar una conversación sobre como el deseo del cuerpo negro en el contexto occidental sostiene y reproduce distintas dinámicas particulares dependiendo del espacio geográfico donde hayas nacido y donde te encuentres. La reproduccion de una geopolítica de la fantasía que esta basada en la capacidad del deseo de los cuerpos no normativos por una identidad estable y completa.

Cambiar a una metrópolis internacional me obligó a ver algo que nunca pude ver en mi ciudad natal: mi valor social/erótico no era fijo. ‘‘La belleza está en los ojos del que mira’’ dicen, o algo así. En esta metrópolis descubrí, por primera vez, que yo también podía elegir. No hablo de elegir desde el capricho sino desde la posición simbólica: dejar de estar siempre “disponible” para ser, simplemente, una persona con agencia en el campo erótico. El cambio de geografía reconfiguró mi “valor” social, pero también la forma en que yo me percibo en relación al deseo ajeno.

Sin embargo, esta sensación de poder tiene trampa. En la metrópolis cosmopolita, muchos hombres (y otros géneros pero mayoritariamente hombres)—sobre todo los que performan ser sensibles, alternativos, intelectuales, desconstruidos—no me desean por lo que soy, sino por lo que represento. Una chica negra, cool. Una persona racializada, educada, políglota, creativa, “relajada”, cierto contacto con sus raíces africanas pero la cantidad justa de europidad para adaptarse a situaciones sociales (gracias España por tanto). El deseo se traviste de progresismo, pero sigue siendo deseo por una fantasía simbólica, no por un sujeto real. Mi ex es un ejemplo de esto: alguien que decía quererme, pero solo quería la proyección. La versión Ime que encaja bien en su propio relato de sí mismo. Una especie de capital simbólico vivo que alimenta su identidad, su imagen, su ego.

Y entonces me doy cuenta de que, aunque el escenario ha cambiado, la lógica es inquietantemente parecida: sigo siendo leída como una representación antes que como una persona. En un lugar era “la única negra en el concierto de punk”; en esta metropolís soy “la chica afrohispánica alternativa que encaja en la escena cultural independiente”. El decorado cambia, los códigos cambian, pero la estructura profunda es la misma: el deseo hacia mí se organiza alrededor de lo que simbolizo, no alrededor de mi humanidad.

Me hace cuestionarme si alguien podrá amarme alguna vez en toda mi representación y humanidad, estoy lejos de ser perfecte, y es duro que te digan que te aman pero sentir que realmente lo que esta dentro, tu persona, no les gusta o no les interesa conocerlo.

Lo que parece libertad es, a veces, solo una versión más sofisticada del mismo guión. Más capas, más lecturas, más referencias intelectuales… pero al final, la misma dificultad para ser vista fuera de la proyección.

REFERENCIAS:

Ahmed, S. (2010). The promise of happiness. Duke University Press.

Berlant, L. (2011). Cruel optimism. Duke University Press.

Bourdieu, P. (1979). La distinction: Critique sociale du jugement. Les Éditions de Minuit.

Butler, J. (1990). Gender trouble: Feminism and the subversion of identity. Routledge.

Cheng, A. A. (2001). The melancholy of race. Oxford University Press.

Connell, R. W. (1995). Masculinities. University of California Press.

Fanon, F. (1952). Peau noire, masques blancs. Éditions du Seuil. (Black Skin, White Masks, 1967 English edition).

Gilroy, P. (1993). The Black Atlantic: Modernity and double consciousness. Harvard University Press

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