EN ESTA PÁGINA ME PONGO DE TAREA ESCRIBIR SOBRE LA INTIMIDAD.
Estos días, reflexionando, he llegado a una conclusión triste pero liberadora, y es que no conozco (o creo que no conozco) el concepto de «INTIMIDAD». Con todo esto en lo que me he estado enfocando últimamente, y gracias a dejar voluntariamente de poner el foco en el exterior, dedicar tanta energía en ser aprobada, validada y en centrarme más en mí misma, han ido desapareciendo algunas necesidades, como publicar en las redes sociales todo lo que hago o dar información a mis «amigos» sobre qué hago o cómo estoy en cada momento de mi vida. Y pongo «amigos» porque no me refiero solo a mis amigos cercanos, que siguen estando ahí y les estoy muy agradecida, sino también a los chicos a los que quería gustar, a las personas de las que de alguna manera buscaba atención, aprobación… Han surgido nuevas necesidades, que no sé por qué, pero ahora me hacen sentir mejor. Por ejemplo: guardarme las cosas para mí, dedicar más tiempo a hacer deporte, caminar, practicar yoga, cuidar mis relaciones. Y de repente ya no me apetece tanto ver qué hacen o qué opinan mis conocidos, pero sí profundizar mucho más en mí (aquí es donde surgen algunas reflexiones sobre la intimidad) y también profundizar y estar presente en las relaciones que quiero cuidar. Punto y aparte.
Tengo la sensación de que de pequeña no se me enseñó ni se me permitió tener intimidad, y no la conozco. Nunca he tenido una habitación para mí sola, y no solo compartí habitación con mi hermana, sino con toda la gente que pasaba por casa, que siempre fue mucha. En casa, siempre bajo el lema de la «COMUNICACIÓN», no se nos permitía tener secretos; estaban mal vistos, y mi madre nunca pudo vivir sabiendo que no sabía algo. Quizás, y solo quizás, por eso nunca he sido capaz de explorarme a mí misma. No sé si esta es la razón, pero podría ser una posible respuesta a algo que llevo tanto tiempo preguntándome y que no consigo resolver. Y tiene sentido. Siento también que no soy capaz de guardar secretos, sobre todo propios, y siempre he contado todo. Esto me hace sentir que no sé respetar la intimidad porque no la entiendo o no la conozco. A veces me pregunto: ¿qué cosa no he contado nunca a nadie o me he dado el gusto de reservar solo para mí? Y no hay ABSOLUTAMENTE NADA que yo pueda reconocer conscientemente. Nunca he podido/querido cerrar la puerta de mi habitación. Me molesta mucho que la gente se guarde cosas sobre sí misma, secretos, no sé. Me hace pensar que tiene que ver con el control hacia los demás, pero ¿y conmigo misma? Tampoco sé si los secretos o la intimidad tienen algo que ver. [busco definición]. Bueno, no sé, por ahora quiero cultivar mi propia intimidad, y para mí es muy significativo que, directamente, haya desaparecido la necesidad de publicarlo todo, algo que llevaba haciendo durante tantísimos años y que ahora ya no me apetece. Raro que haya ocurrido de la noche a la mañana… Y ahora me doy cuenta de que conmigo misma también tiene que ver con el control: el control del relato que explico a los demás. Planto una semilla que se llama: QUIERO LIBRARME DE ESTO YA. Y me comprometo a regarla con constancia.